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De siervo a siervo

Pastor: ¿A quién teme usted? ¿A Dios o al supervisor?

Hablemos con la Biblia abierta. Usted sabe que la corrupción se está comiendo a nuestra iglesia por dentro. La cizaña ya no se esconde en los rincones: hoy preside comités, firma resoluciones y decide el destino de su familia (Mateo 13:25).

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3 Juan 1:9-10

Mercaderes en el ministerio

El mismo Cristo que empuñó un látigo en el templo de Jerusalén para echar a los que hacían del culto una feria de negocios (Juan 2:15), hoy entraría a nuestras asambleas de pastores a volcar las mesas de los directivos.

Muchos llegaron a los cargos no para apacentar las ovejas, sino por ambición de fama, poder y dinero. Se convirtieron en el prototipo bíblico de Diótrefes: «al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos... y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia».

Ezequiel 34:2-4 · Zacarías 11:16-17

Atienden a los acaudalados, olvidan al rebaño del Señor Jesús

Pastores que solo quieren ministrar en sedes grandes, se hacen amigos de los miembros adinerados, mientras se olvidan por completo de los hermanos en necesidad, de los enfermos y de los ancianos.

Ignoran al hermano que pasa necesidad, pero se desviven por adular a los directivos y a las familias influyentes para asegurarse el próximo traslado por conveniencia personal.

Y usted lo ha visto: casi siempre es el mismo hombre que subió por palanca. El que sabe adular hacia arriba, sabe con quién andar hacia abajo.

«¡Ay de los pastores que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de la lana... mas no apacentáis a las ovejas.»

Ezequiel 34:2-3
Prioridades invertidas

Remodelaciones millonarias mientras otros no tienen ni para el arriendo

Usted ha presenciado el descaro de las prioridades invertidas en nuestros distritos:

Pastores de iglesias grandes que se dedican a hacer remodelaciones millonarias e innecesarias para que «se vea lo que hicieron»: cambian púlpitos, reemplazan pisos buenos o meten a la congregación en deudas monstruosas por pura vanagloria personal.

Y mientras tanto, pastores en obras pequeñas no tienen ni siquiera un micrófono que funcione bien, pasando angustias cada mes para completar el arriendo del local. ¿Cuándo fue que cambiamos la fraternidad por el culto al cemento?

1 Samuel 2:29

El juicio sobre la casa de Elí en su propio distrito

Dios cortó a Elí no porque fuera un ladrón, sino porque toleró el nepotismo y los abusos de sus hijos:

El ascensor de la rosca: Mientras el pastor honesto hace crecer una obra pequeña con sudor durante años, los que tienen palanca con la directiva inflan informes bautizando a la carrera y saltan en 3 movimientos a sedes grandes de capitales.

La doble moral disciplinaria: El estatuto exige expulsión por adulterio o desfalco. Al pastor sin palanca le cae todo el peso; al que tiene palanca le engavetan el expediente, le dan un receso de descanso y lo reubican en otra iglesia limpia (1 Timoteo 5:21).

La falsa neutralidad

Usted calla para cuidar su púlpito... pero la política sí se mete con usted

Callan porque los casos graves solo se manejan por voz a voz en secretos de pasillo; callan porque al que pregunta lo tachan de conflictivo y dicen que «eso se maneja en privado con el Consistorio».

Muchos pastores callan creyendo que encerrarse en su congregación los mantendrá al margen de «la política».

Pero esa política define el futuro de la iglesia: define en qué y cómo se trabaja, las prioridades del ministerio y el avance de la obra del Señor Jesús. Callar no es prudencia espiritual: es permitir que hombres sin escrúpulos decidan el rumbo de la casa de Dios.

Ezequiel 33:7-8

La sangre demandada al atalaya

«Si tú no hablares para que se guarde el impío de su camino... su sangre yo la demandaré de tu mano.»

El supervisor no lo llamó al ministerio. El directivo distrital no murió en la cruz por usted. ¿A quién le va a responder usted en el día del juicio?

Solo el mercader del templo tiembla cuando la luz entra en la casa de Dios.

La trampa de la soledad

Ellos llegan a la asamblea con los votos contados. Usted llega con su conciencia.

Los que se deben favores votan en bloque, porque se deben unos a otros. Los que no le deben nada a nadie votan cada uno por su lado, y pierden cada uno por su lado. Por eso gana siempre la corrupción, aunque las caras cambien.

Ustedes no son minoría moral. Son mayoría desarticulada.

La salida · 2 Corintios 8:21

Primero los votos. Después las reglas.

Hay distritos donde el cargo de supervisor lleva veinte años rotando entre el mismo grupo de pastores. Eso no se cambia con un sermón: se cambia en la próxima elección, y en algunos distritos es este noviembre.

Pónganse de acuerdo antes de la asamblea, no durante. Busquen a los que nunca han pedido un favor. Y voten por alguien que no le deba favores a nadie.

Lo segundo es más lento: cambiar las reglas y pedir transparencia. Eso lo decide una asamblea nacional, que no se hace todos los años. Mientras llega, empiece por lo que nadie le puede castigar: pedir que las cosas queden por escrito. En su asamblea de distrito, en voz alta y que quede en acta:

¿Cuáles son los criterios escritos para asignar las iglesias de este distrito?
Si no existen, ya sabemos por qué se reparten como se reparten.
¿Dónde consta por escrito el motivo de cada traslado y de cada ascenso?
Lo que no queda escrito no se puede revisar.
¿Quién audita las finanzas del distrito, y dónde se publica ese informe?
«Procurando hacer las cosas honradamente, no solo delante del Señor sino también delante de los hombres.»

El que se oponga a que quede constancia ya le dijo quién es.

Votar distinto cambia a las personas. Solo cambiar las reglas impide que el círculo se vuelva a armar.

Hable con dos más

Pastor: usted fue llamado para apacentar el rebaño, no para ser cómplice.

Hable con dos pastores de su confianza. Empiecen hoy.

Cuídense

No firmen listas ni armen grupos de WhatsApp con nombres. Una lista firmada es exactamente la forma de identificar y disciplinar a la gente. Hablen en persona, de dos en dos.

«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.»

2 Timoteo 1:7